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El tornasol de las gotas de colores crea unos efectos de estofa.
Del reflejo del nácar al engarce de las piedras se impone
la imagen del mosaico. El punto, como el brillo mineral, es la unidad
de construcción. Ofrece un relieve virtual a un icono plano.
Fondo y forma se intercambian incansablemente. Sucede que el artista
lacera su tela, que deviene escultura. Las circunvalaciones de las
bandas de tejido enroscadas sobre ellas mismas se construyen en
figuras totémicas. Si la resolución de los contrarios
está en el corazón de su propósito, éste
se encarna en sus esculturas con sus realces coloreados. Esculturas
laberínticas y serpentinas como la obra pintada.
Françoise
Py
Catedrática de Historia de
Arte en la Universidad de París VIII
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