El tornasol de las gotas de colores crea unos efectos de estofa. Del reflejo del nácar al engarce de las piedras se impone la imagen del mosaico. El punto, como el brillo mineral, es la unidad de construcción. Ofrece un relieve virtual a un icono plano. Fondo y forma se intercambian incansablemente. Sucede que el artista lacera su tela, que deviene escultura. Las circunvalaciones de las bandas de tejido enroscadas sobre ellas mismas se construyen en figuras totémicas. Si la resolución de los contrarios está en el corazón de su propósito, éste se encarna en sus esculturas con sus realces coloreados. Esculturas laberínticas y serpentinas como la obra pintada.

Françoise Py
Catedrática de Historia de Arte en la Universidad de París VIII


Autoportrait 1991
26,5 x 50 cm
madera + acrílico
1991
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